Por Luis Santiago
La audiencia permaneció atenta mientras los conferencistas desarrollaban cada uno de estos principios, tomando notas y siguiendo cada enseñanza. En distintos momentos, las risas llenaron el lugar tras las anécdotas del pastor Luis Méndez y su esposa Vilma Mata, quienes dejaron claro que las dificultades, los desacuerdos, las alegrías y las bendiciones forman parte del matrimonio. Muchos de los presentes notaron que no están solos en los desafíos de la vida en pareja.
Uno de los aspectos destacados fue la santificación, entendida como un proceso progresivo mediante el cual Dios transforma el carácter de sus hijos. A partir de Efesios 5:25-27, los conferencistas explicaron que el matrimonio puede convertirse en uno de los instrumentos que Dios utiliza para ese proceso.
Como un escultor con cincel en mano, transforma una pieza de material amorfo en una obra de arte, Dios puede utilizar incluso las diferencias y las dificultades dentro del matrimonio para formar a cada cónyuge.
La aplicación propuesta fue recordar que ninguno debe ver a su pareja como un obstáculo para crecer espiritualmente, sino como una bendición que Dios utiliza para santificarnos.
Hijos: bendición y responsabilidad
La procreación es parte del diseño de Dios para el matrimonio. Por tanto, los hijos son una bendición que, al mismo tiempo, implica responsabilidad, sabiduría y amor.
Durante la exposición se hizo referencia a una encuesta de The Harris Poll realizada en 2022 en colaboración con el Archbridge Institute. Entre los adultos estadounidenses que no tenían hijos y que no deseaban tenerlos, 54% señaló la independencia personal como un factor que influía en su decisión. Otros factores mencionados fueron la situación financiera (46%), el equilibrio entre trabajo y vida personal (40%) y los precios de la vivienda (33%).
El dato sirvió como punto de reflexión para identificar cómo el ser humano alejado de Dios se centra en sí mismo y se pierde de la buena voluntad y planes divinos. No obstante, como nota de balance, se recordó que existen casos bajo la voluntad de Dios, en los que algunos matrimonios no llegan a tener hijos, pero que a lo largo de su servicio, sí disponen de la oportunidad de procrear grandes familias espirituales.
El pastor Méndez invitó a los matrimonios que hoy no quieren tener hijos a revisar su postura ante estas verdades bíblicas.
Fortaleza en las diferencias
Los esposos han sido diseñados para complementarse tanto en sus diferencias como en sus similitudes. «En lugar de competir, están llamados a funcionar como un equipo y a cultivar una amistad profunda», instó Méndez.
“Hay matrimonios que están bajo el mismo techo, pero a mil millas de distancia”
A partir de esta realidad, los participantes fueron invitados a evaluar el nivel de amistad que existe dentro de su matrimonio y a preguntarse en qué áreas trabajan juntos y en cuáles tienden a competir.
El amor, recordó Vilma Mata, no debe definirse únicamente por sentimientos o expectativas personales. 1 Corintios 13:4-8 presenta el amor como paciente, bondadoso, humilde, perseverante y dispuesto a buscar el bien del otro.
Y es que en el matrimonio ambos son diferentes, pero eso es una fortaleza en lugar de una debilidad, pues los lleva a complementarse, reflexionó Méndez.
Con más de dos décadas de Conserjería Familiar, el pastor advirtió que cuando las parejas se enfocan en competir, inevitablemente se destinan a perder.
Luego de recordar el testimonio de Jesús en la cruz, Vilma Mata insistió en que para ganar es necesario estar dispuestos al sacrificio. «Ninguno está para brillar, sino para mostrar el brillo de Dios a pesar de nuestras imperfecciones», complementó su esposo.
Refugio y testimonio
El matrimonio también fue presentado como un espacio para proteger la relación de la inmoralidad, además de cultivar fidelidad, pureza y santidad.
Pero ese compromiso no termina dentro del hogar. Un matrimonio que ora, conoce la Palabra de Dios, instruye a sus hijos y enfrenta las dificultades con sabiduría, también puede convertirse en un testimonio para quienes lo rodean.
Por eso, una de las preguntas planteadas durante la conferencia fue:
¿Qué ven nuestros familiares en nuestro matrimonio: gratitud o queja?
Cuando una pareja enfrenta sus conflictos, aferrada a la Palabra de Dios, demuestra el amor y la gracia del Señor, y permanece unida en medio de las dificultades. Sin duda, observó, Méndez, eso resulta un mensaje más poderoso que cualquier discurso.
Cuando Dios vuelve a ocupar el centro
Todos estos propósitos —reflejar, santificar, procrear, complementar, proteger y testificar— conducen finalmente a uno: glorificar a Dios.
El matrimonio no fue diseñado para que el esposo o la esposa ocupen el centro, sino para que Dios sea reconocido, exaltado y disfrutado en cada dimensión de la vida matrimonial.
Esto implica alinear las decisiones, prioridades, conflictos, proyectos y relaciones con la voluntad de Dios. Incluso dentro del matrimonio, cada cónyuge está llamado a amar a Dios por encima de su pareja.
Después de 37 años de experiencia matrimonial, el pastor Luis Méndez y Vilma Mata han recogido parte de este recorrido en su libro Juntos y Unidos, que reúne experiencias, dificultades y victorias vividas de la mano del Señor.
El mensaje compartido durante esta jornada dejó una pregunta que trasciende la propia conferencia y alcanza la vida cotidiana de cada matrimonio:
¿Vemos el matrimonio como un proyecto más o como una vía para glorificar a Dios?
La respuesta guiará por encima de una relación duradera. Determina hacia dónde está caminando el matrimonio y si actualmente le muestra al mundo una ventana al Reino de Dios.








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