Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. (Salmos 139:13-14)

El diseño de la raza humana; del hombre y la mujer no fue accidental sino totalmente intencional. Así lo revela Génesis 1:27, “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Y así tambien lo explica David en el Salmo 139:15-16, “No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas”.

Dios se tomó todo el tiempo que la eternidad le permitió para idear y planificar minuciosamente cada detalle de Su maravillosa creación; incluídas tu y yo. Nosotras junto con el hombre, somos la imágen y semejanza misma de Dios y la declaración de Gn 1:27 no da lugar a dudas ni error.
Según David, Dios tuvo el detalle de anotar y diseñar todas las partes de nuestro cuerpo, las cuales luego formó sin faltar ni sobrarle absolutamente nada. ¿Te imaginas a Dios (figurativamente hablando) sentado con lápiz y papel, libre de toda presión, plácidamente inspirado, dibujando a sus bellas y hermosas criaturas?

Nada producto del ingenio y manufactura de Dios contiene defectos, errores o mal cálculos. Cuando Dios creó a Eva, creó la obra magna de la pureza, la ternura y la sabiduría. Ella fue el arquetipo de la belleza y la femineidad, y fue la única criatura creada a partir de otra; de Adán, de carne y hueso.

En el Edén como hoy en la sociedad, la mujer posee un papel de suma importancia. Estuvo allí y está en el mundo hoy preñada de responsabilidades para las cuales ha sido divinamente creada y capacitada por su diseñador y hacedor. Su diseño, existencia y género obedece a una necesidad imperiosa dentro de la creación en el hogar y la sociedad. Ninguna otra creación de Dios puede realizar lo que ella por diseño divino fue dotada para hacer porque tendría simplemente que ser, Mujer. Tampoco hay quien conozca y comprenda mejor su diseño que Dios. Él la hizo un vaso más frágil, pero a la vez fuerte, competente, inteligente, sabia, sensible y suceptible para que pudiera realizar con gracia y competencia el rol para el que fue llamada, bajo la protección y dependencia de su cabeza.

No obstante, muy a pesar de la pureza y perfección de su belleza la Palabra de Dios omite la descripción fisica de Eva. Más bien su enfoque de la mujer está en su función junto con el hombre dentro de la creación. De manera que, su belleza está definida por su posición, su rol y su unción. Pedro corrobora diciendo: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos;..” (1 Pedro 3:3-5). La verdadera belleza es la que emana del interior y se exterioriza a través de un espíritu afable y apacible. Es el área que más descuidamos pero al que le debemos dedicar mayor cuidado y atención.

De manera similar pero en palabras aun más practicas Pablo le comisiona a Tito que: “las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:3-5). Cuando esto hacemos como mujer, honramos nuestro diseño, nuestro rol y mandato creacional, y traemos gloria a nuestro maravilloso y amante Creador, y Señor Jesucristo.

¿Eres consciente de las capacidades fisicas, espirituales e interpersonales que por tu diseño como mujer Dios te ha dado para horarlo en tu hogar? ¿Cómo manifiestas la sabiduría de la creación de Dios en tu vida? Coméntanos…

Por Violeta Guerra (Abril 2025)

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“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” — 2 Corintios 9:7